CUANTO ANTES… ¡MEJOR!

 

 

¨La iglesia latinoamericana requiere tomar urgentemente conciencia, compromiso y dedicación hacia la niñez, es decir, una verdadera conversión hacia ellos. Una lectura del entorno, y una relectura de la Palabra de Dios, nos mostrará que el Dios Padre de huérfanos y aquel Jesús que se indigna al ver que se les impide a los niños venir a él, exigen cambiar la visión del trabajo hacia la niñez, cambiar el orden de las prioridades y poner a la niñez en primer lugar y comprometernos seriamente con la prevención, la atención, la protección, y la formación que permita desarrollar todo el potencial que Dios ha puesto en ellos.

El crecimiento de la Iglesia en este siglo dependerá en gran medida, de la oferta específica y personal que la Iglesia le dé a la niñez hoy.¨

 

Estas palabras figuran en la Declaración final de la Consulta sobre la Niñez que se formuló en el Congreso Latinoamericano de Evangelización llevado a cabo en Quito en septiembre del año 2000.

 

La agenda de las iglesias, en su gran mayoría, está nutrida de actividades, proyectos  y reuniones para adultos, de adultos y desarrollados por adultos. Sin desmerecer esta loable misión a este sector de la sociedad, muchas veces ignoramos o, mejor dicho, desvalorizamos la responsabilidad que tenemos hacia la infancia. Muchas veces atendemos a los niños pensando en que son ellos quienes van a acercar a sus padres al evangelio. Pero surgen varias preguntas:

¿Pensamos, acaso,  que las buenas nuevas no son para los niños?

¿Consideramos que ellos no están en condiciones espirituales y/o mentales de comprender el mensaje del amor divino?

¿No vemos la urgencia de alcanzarlos, dando por sentado que tendrán infinidad de oportunidades en el futuro?

 

Supongo que, conscientemente, no somos capaces de dar una respuesta a estos interrogantes pero, mientras tanto, continuamos ignorando la importancia que Jesús dio a los niños, tanto con su ejemplo como explícitamente con el imperativo ¨Dejen que los niños vengan a mí, porque el reino de los cielos les pertenece¨. De esta manera, permitimos que sucesivas generaciones crezcan sin conocer que hay un Padre que les ama apasionadamente, y viven sin esperanza una existencia que muchas  veces les resulta muy dura y cruel.

Sería bueno recordar al respecto a dos grandes hombres de la historia de la iglesia. Carlos H. Spurgeon, el inglés denominado ¨príncipe de los predicadores¨, cuando apenas tenía cuatro años se sentaba en el escritorio de su abuelo y leía profundos libros de teología bíblica. Su abuelo amaba al Señor Jesús y cuidaba a su nieto, quien absorbía toda la sabiduría del anciano. Carlos recibió a Jesús como Salvador cuando tenía catorce años; a los dieciséis ya predicaba el evangelio. ¡Era un adolescente! En realidad, casi un niño todavía. A los diecinueve años pastoreaba una iglesia en Londres y, a los veintidós, su congregación llegaba a 5.000 personas cada domingo. Todo comenzó en su niñez.

Dwight L. Moody, el más grande evangelista norteamericano del siglo XIX, dijo; “Ganar a un adulto para Cristo es ganar tan sólo media vida; ganar a un niño es salvar una vida entera”. Moody demostró que él creía en ese axioma pues semana tras semana, poco después de haber recibido a Cristo como Salvador, atraía a 3.000 niños de un barrio pobre de Chicago para enseñarles acerca del Buen Pastor. Moody amaba a la niñez y buscó ganar a los niños para Jesús. Creo que por eso Moody también amó a los adultos y supo evangelizarlos.

Cómo son los niños en la sociedad actual:

No podemos pensar en cómo son los niños sin pensar cómo son nuestras sociedades. Y, con profundo dolor, debemos reconocer que las características del tiempo que nos toca vivir son potencialmente generadoras de violencia. El individualismo, la velocidad de los cambios, el consumismo, el humanismo que deja afuera a Dios y sus absolutos, no provee una base segura y firme para conducir la vida. Todos estos factores y muchos otros agreden a nuestros chicos de manera constante y han contribuido a crear una generación insegura, rebelde, egocéntrica y, a la vez, asustada.

 

Desde temprana edad encontramos, entre otras cosas,  desnutrición, explotación,  abusos, prostitución, drogadicción, trastornos en la alimentación, suicidios, alcoholismo, problemas psiquiátricos, violencia, desvalorización de la vida.

 

Ante esta realidad, ¿qué está haciendo la sociedad por los niños?

 

En primer lugar debemos considerar a la familia que, por supuesto, es la que está o debería estar más cerca de los pequeños. Sin embargo, hoy más que nunca, la familia está atravesando una etapa de muy fuertes crisis habiendo quedando ella misma sin recursos para apoyar a sus miembros más vulnerables.

 

No podemos ignorar la influencia de los medios de comunicación. Con toda razón Jaime Etcheverry, en su obra La tragedia educativa, los llama ¨los verdaderos pedagogos¨, ya que la televisión, la publicidad, el cine, el deporte, la música popular, la política y todo lo que entra en los espacios de celebridad que ellos definen ejercen un papel fundamental en la vida de los niños y adolescentes de nuestro tiempo. La televisión ha terminado por constituir el más importante ámbito educativo contemporáneo. Se estima, sin exagerar, que los jóvenes, para cuando completan doce años de educación, han mirado alrededor de 16.000 horas de televisión (entre tres y cuatro horas diarias). Esto implica que uno de los mensajes que ellos reciben a diario es que la violencia es la única forma posible de relación. Una imaginación volcada hacia lo grotesco propone como normales toda suerte de monstruosidades, tanto en las formas como en las conductas.

 

La escuela, que permanentemente está proponiendo reformas e innovaciones, no alcanza a dar respuestas adecuadas a la intrincada problemática infantil y adolescente. Las instituciones educativas son plenamente conscientes de los cambios vertiginosos que se experimentan en el mundo actual y esto las desafía a cambiar tan velozmente como sea posible, para que el país donde desempeñan su función, su gente, sus niños, sus jóvenes estén en condiciones de adaptarse mejor a este formidable proceso de transformación, conociendo la dramática verdad de que si no se adapta al cambio queda al margen. Es por ello que algunas de las mayores preocupaciones de la escuela actual son:

-la calidad educativa,

-que el alumno tenga un rol mucho más activo, que no sea mero receptor sino constructor del aprendizaje,

-que el aprendizaje se dé en forma cooperativa y democrática,

-que la escuela integre a los alumnos con capacidades diferentes, que sea una escuela para todos,

-que el docente no sólo enseñe a aprender sino que también enseñe a pensar,

-que los contenidos que se presenten al niño sean acordes a sus intereses,

-reformular constantemente los currículos y metodologías de trabajo,

-la capacitación permanente de los docentes,

-la convivencia institucional,

-revalorizar el tema de los valores.

 

Mientras tanto, ¿qué está haciendo la iglesia por los niños de hoy? ¿De qué manera está atendiendo sus problemáticas?

 

Si bien en muchas iglesias pareciera que en estos últimos años se está dando un despertar en cuanto a la responsabilidad que tienen hacia este sector de la población, esto no es lo más frecuente. Una fuerte evidencia es el escaso material bibliográfico al respecto. En general los ministerios desarrollados entre los niños no atienden todas las necesidades de los mismos. La enseñanza que se brinda en muchos casos es superficial, y, en muchos casos, podríamos decir que resulta casi ¨domesticadora¨, donde los niños responden automáticamente lo que saben que los maestros esperan oír, sin que haya mediado algún tipo de reflexión auténtica de su parte. No se fomenta el juicio crítico, ni se desarrolla la imaginación o la creatividad. Hay una gran carencia de maestros capacitados y comprometidos. Generalmente las personas que enseñan a los niños son cristianos recién convertidos, con una escasa preparación tanto pedagógica como doctrinal.  Es muy frecuente la improvisación o escasa organización de las tareas. Existen pocos materiales didácticos y generalmente no se diseñan currículos locales que atiendan a las características y necesidades infantiles de la región.

 

¿Qué nos dice la Biblia en cuanto a la formación espiritual de los niños?

En el Antiguo Testamento, en numerosas ocasiones, se dan indicaciones precisas en cuanto a la educación y formación espiritual de los niños. Poco tiempo antes de que el pueblo de Dios hiciera su ingreso a la tierra prometida, Moisés se dirige al pueblo:

 

            Estos, pues, son los mandamientos, estatutos y decretos que Jehová,

vuestro Dios, mandó que os enseñara, para que los pongáis por obra en

la tierra a la que vais a pasar para tomarla en posesión, a fin de que

temas a Jehová, tu Dios, guardando todos los estatutos  y mandamientos

que yo te mando, tú, tu hijo y el hijo de tu hijo, todos los días de tu vida,

para que se prolonguen tus día.

Estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón. Se las

repetirás a tus hijos, y les hablarás de ellas estando en tu casa y andando

por el camino, al acostarte y cuando te levantes.

Mañana, cuando te pregunte tu hijo: ¨¿Qué significan los testimonios,

estatutos y decretos que Jehová nuestro Dios os mandó?¨, dirás a tu hijo:

¨Nosotros éramos siervos del faraón en Egipto, y Jehová nos sacó de

Egipto con mano poderosa…  (Deuteronomio 6.1-2, 6-7, 20-21).

 

Pareciera que el líder por excelencia, a pesar de todos los años y experiencias vividas, no podía dejar de pensar en las generaciones futuras e insiste, vez tras vez, en la necesidad de transmitir mediante palabras, diálogos, recordatorios, la historia de redención que ellos habían vivido.

 

En 1 Samuel 3.13 y en 1 Reyes 1.6 las Escrituras mencionan una gran falta cometida por los padres, en este caso Elí y David, hacia sus respectivos hijos: la falta de límites firmes, claros y seguros. Nuestra sociedad actual no siempre se dedica a señalar hasta dónde pueden ir sus hijos, a veces por temor, a veces por desconocimiento, a veces por indiferencia.

 

En Éxodo 12.24-27 y Josué 4.4-7 se hace alusión a ceremonias y símbolos que los niños tendrían oportunidad de presenciar y que movilizarían su curiosidad llevando al diálogo profundo.

 

Próximo al final de sus días, Moisés compone e interpreta un cántico realizando previamente esta aclaración:

 

                        Harás congregar al pueblo, hombres, mujeres y niños, y los

extranjeros que estén en tus ciudades, para que oigan y aprendan

a temer a Jehová, vuestro Dios, y cuiden de cumplir todas las

palabras de esta Ley. También los hijos de ellos, que no la conocen,

podrán oírla y aprenderán a temer a Jehová, vuestro Dios, todos los

días que viváis sobre la tierra que vais a poseer tras pasar el Jordán.

Y cuando les vengan muchos males y angustias, entonces este cántico

servirá de testigo contra él, pues será recordado por boca de

sus descendientes… (Deuteronomio 31.12,13, 21)

 

Las canciones tenían un fin didáctico y mnemotécnico a fin de garantizar el recuerdo de las obras de Dios.

 

En Nehemías 12.43 y  Esdras 10.1, se especifica que los niños estaban presentes en las asambleas y cultos.

 

Salmo 78.6; 22.30-31 y Proverbios 22.6 insisten en la importancia de la enseñanza a nuevas generaciones, sin aclarar quién es el responsable o, mejor dicho, responsabilizando a toda la comunidad. 

 

El Nuevo Testamento continúa resaltando la figura de los niños y niñas. Veamos algunos ejemplos:

– En Mateo 14.21 y 15.38, los encontramos acompañando a sus padres para escuchar a Jesús.

– En Mateo 15.21-28; Marcos 5.41; 9.27  y Juan 4.43-54 se presenta el interés de Jesús por devolverles la salud y aun la vida.

– En Mateo 19.13-15 y Marcos 9.33-37 son invitados, abrazados y bendecidos por Jesús.   

– En Mateo 21.14-17 son los pequeños quienes bendicen a Jesús y él valora esta actitud.

            – En  Juan 6.9  se destaca el espíritu generoso de un niño que comparte su comida con Jesús y la comunidad toda.

– En Hechos 16.15, 33, 34 se mencionan bautismos de grupos familiares. Y, si bien no se mencionan los niños, tampoco se niega que algunos de ellos pueden haber sido bautizados en ciertas ocasiones.

– En 2 Timoteo 3.15 se habla del pequeño Timoteo teniendo acceso a la Palabra de Dios aun siendo niño.

 

Misión de la iglesia orientada hacia la niñez.

Cuando pensamos en cuál debe ser la misión de la iglesia hacia la niñez nos damos cuenta que es idéntica a la responsabilidad que tiene hacia cualquier persona, y para ello nuestro mejor modelo es Jesucristo, que dejando su círculo de comodidad, se acercó a la humanidad necesitada, la amó, se preocupó por sus necesidades, la sanó, le enseñó del amor de Dios con hechos y palabras, y literalmente dio su vida. Sin embargo, considero que la tarea que la iglesia tiene hacia los niños presenta algunas diferencias muy grandes con respecto a la que tiene con cualquier persona adulta, y es que los pequeños son personas muy receptivas, muy ¨maleables¨, influenciables. Por esta razón la misión adquiere características muy especiales y llega a ser una verdadera tarea educativa y formativa, llevando a los niños al conocimiento de Dios.

 

¿Por qué es importante conocer a Dios?

La misma Biblia nos insinúa algunas definiciones de esta tremenda posibilidad que tenemos las personas de conocer y relacionarnos con el Todopoderoso. Según el apóstol Pablo, esta es una prioridad  (Filipenses 3.8; Efesios 1.17-23) en la vida de todo ser humano y lo mejor a que este puede aspirar. Y, según Jesús, la misma vida eterna que él otorga consiste en conocer a Dios y a quien él ha enviado. (Juan 17.3)

 

¿Pueden los niños conocer a Dios?

Si bien a través de la los siglos la iglesia no pensó en la posibilidad de que los niños accedieran al conocimiento de Dios, en la actualidad podemos afirmar que:

a)      Los niños y adolescentes son seres espirituales, por lo tanto pueden conocer a Dios

b)      Son seres que participan de la caída del ser humano en el pecado. Necesitan conocer a Jesús como su Salvador.

c)      Necesitan ser parte de una comunidad de amor.

d)      Son sujetos de conocimiento (necesitan construir su conocimiento en interacción con el medio ambiente y con Dios)

e)      Son seres que conocen a Dios y acerca de Dios primordialmente a través de la imaginación, de los sentidos y del movimiento.

f)        Son seres que conocen a Dios mediante el uso de filtros socioemocionales.

g)      Son seres que conocen mejor a Dios en ambientes donde se experimenta amor, seguridad y protección.

h)      Son seres cuyo conocimiento de Dios tiende a traducirse en conductas que revelan un desarrollo moral egocéntrico

i)        La fe en los niños es fuertemente influenciada por imágenes, historias y símbolos.

 

Los pro y los contra de conocer a Dios desde niños.

 

Al respecto quiero basarme en mi experiencia personal.

 

Es frecuente que las personas que nos hemos criado en hogares cristianos nos lamentemos de no haber conocido el evangelio siendo jóvenes o adultos. A la hora de contar testimonios emotivos y dramáticos, no tenemos nada para decir. Nos surge, entonces, la pregunta: ¿qué beneficios depara el hecho de aceptar a Cristo como Salvador siendo pequeños? ¿Es conveniente convertirse siendo niños, o esto genera rutina, frustración, desgano, apatía?

 

Uno de los primeros recuerdos que conservo de mi vida es el del día en que estando en la clase de Preescolares de la Escuela Dominical, por invitación de la maestra y repitiendo la oración que ella hacía, recibí a Jesús en mi corazón. Por algunos mojones de referencia en mi historia familiar, puedo deducir que tan sólo tenía tres años de edad. Al poco tiempo, mis padres debieron ausentarse en un corto viaje y quedé al cuidado de mi abuela. En esa oportunidad mi conducta no fue la más adecuada. Al reconocerlo, corrí a mi habitación, me arrodillé y le pedí a Jesús que no se fuera de mi vida. Para mi asombro, reconozco que el Espíritu Santo ya estaba obrando en mí, haciéndome consciente de pecado, a pesar de mi corta edad.  Pienso que si esto me lo contaran, no lo creería. Sin embargo, tengo la plena convicción que esto realmente sucedió.

 

En mi testimonio como creyente no hay un antes y un después, sino un “durante”. Es decir, puedo describir mi vida como una amistad con Jesús que, como toda amistad, ha tenido sus altos y sus bajos, sus malos entendidos, sus dudas, sus distanciamientos, sus reproches, sus reencuentros, sus reconciliaciones. Si bien cuando era joven yo también me lamentaba de haber nacido en un hogar cristiano, hoy me siento profundamente agradecida a Dios por ello. Considero que mi Padre fue profundamente misericordioso por permitirme encontrarlo siendo tan pequeña. Sin embargo, reconozco que no todos los que se crían en condiciones similares experimentan el mismo sentir. ¿Cuáles son los pro y los contra de esta situación?

 

Pienso que entre los contra podemos citar:

a)      No tener una gran experiencia para contar. En nuestra época son tan importantes las vivencias y sensaciones que esto realmente nos resulta problemático.

b)      No tener una conciencia cabal de lo que es el pecado y, entonces, tener inconvenientes para reconocer nuestras faltas delante de Dios.

c)      Es muy probable que la vida cristiana se vuelva rutinaria y, por lo tanto, apática y floja.

d)      Es frecuente que, como consecuencia de la rutina y por una necesidad de querer “probar” lo que viven los que están lejos de Dios, el joven se aparte de la comunidad de fe y caiga en una vida de vicios y depresión.

e)      A veces los adultos erróneamente dan por sentado que ese niño comprendió el mensaje, está firme y puede andar solo la vida cristiana.

 

Entre los aspectos a favor tenemos:

a)      La bendición de no tener que atravesar experiencias tan traumáticas en la niñez y/o adolescencia.

b)      No tener que olvidar pecados, temores, vicios o caídas extremas (aunque los haya seguramente no son tantos como los de aquella persona que ha vivido en total indiferencia de Dios)

c)      La posibilidad de aprender desde niño la Palabra de Dios, memorizar pasajes bíblicos, recibir una sólida formación cristiana.

d)      Enfrentar toda la vida de la mano de Dios, incluyendo las crisis naturales de la adolescencia y juventud.

 

Para que los contra resulten aspectos a favor.

Es necesario aclarar que cuando la entrega a Cristo se realiza en la niñez, la conversión no debe entenderse como un cambio repentino y total, sino como un proceso gradual. Ya que  la persona aun no ha tenido una conciencia cabal de lo doloroso que es el pecado, a lo largo de su vida deberá ir enfrentando situaciones que lo lleven a decidir qué camino seguir. En estas decisiones irá afirmándose en su conversión, en su deseo de seguir a Cristo. Sería bueno que los padres o maestros valoren estas experiencias de vida, estas reiteradas opciones por seguir al Maestro, como peldaños importantes en su vida cristiana.

 

Es muy importante que los adultos que estén cerca del niño se preocupen de que él tenga una experiencia con Cristo de primera mano. Para ello sería muy apropiado que, si no sabe leer, se le lean o narren historias bíblicas. Cuando comience a leer por sí solo podrá tener a su alcance una Biblia para niños. Es en este momento donde podremos comenzar a crear el hábito de la devoción personal diaria. Es una buena práctica compartir momentos de oración con los pequeños.

 

No nos conformemos con las respuestas fabricadas que muchas veces los niños aprenden y repiten que,  aunque tienen una apariencia de profundidad teológica y doctrina correcta, lo único que hacen es ocultar lo que realmente creen o sienten. En cambio procuremos fomentar el pensamiento, la reflexión, ya sea a través del diálogo o de preguntas. Brindemos un espacio en donde se puedan compartir con sinceridad dudas y temores.

 

Nunca demos por sentado que porque un niño tiene padres cristianos o asiste regularmente a la iglesia, tiene una relación adecuada con Dios. Oremos por él, velemos por él. Es un ser humano como cualquier otro, que necesita ser escuchado, alentado, fortalecido, afirmado, enseñado, discipulado.

 

Una buena manera de acompañar a los niños en su crecimiento es incluyéndolos en áreas de servicio. Al comienzo pueden simplemente acompañar al adulto y, poco a poco, mientras van siendo entrenados, ir tomando mayor responsabilidad en la tarea. Consideremos  siempre a estos pequeños como miembros de un equipo de trabajo y aprovechemos para orar con ellos, valorándolos y animándolos en la tarea y en el descubrimiento de sus dones.

 

Seamos tolerantes con sus avances y retrocesos. Recordemos que ellos no han dejado un pasado traumático para vivir una vida nueva, sino que su relación con Dios comenzó un día, que quizá no se recuerde, y va creciendo lentamente aun en medio de fracasos y errores. De sus vidas podemos afirmar  “La senda de los justos se asemeja a los primeros albores de la aurora: su esplendor va en aumento hasta que el día alcanza su plenitud” (Proverbios 4.18, nvi)

 

Dios puede utilizar grandemente a estos niños aunque no tengan un testimonio estremecedor ni dramático, pero sí puede hacer de ellos sus verdaderos amigos, que le conozcan íntimamente a lo largo de toda su vida, profundamente arraigados en la verdad. La experiencia de Timoteo fue totalmente diferente a  la de Pablo, pero ambos fueron siervos útiles en la extensión del Reino y, a pesar de las diferencias, conformaron un muy buen equipo de trabajo.

 

Intercedamos por las personas que, como Timoteo, conocen a Jesús desde niños, oremos por ellos y estemos interesados en sus vidas para ver cómo crecen, para conocer sus dudas, sus cargas, y ayudarles en las épocas en que su relación con Dios se torne rutinaria y vacía.

 

Ante semejante responsabilidad nos surgen muchas preguntas. La primera de ellas es:

 

¿Qué es la Educación cristiana?

 

Veamos algunos conceptos.

 

¨Entendemos la educación cristiana como aquellos esfuerzos deliberados, sistemáticos y sostenidos, mediante los cuales la iglesia se propone facilitar o promover el desarrollo de estilo de vida cristiano por parte de personas y grupos.¨                   (Daniel Schipani)

 

 

¨Es el proceso de formación de la persona a la imagen de Cristo¨              (Ana Somoza)

 

 

¿Cuáles son nuestras expectativas de logro en cuanto a la educación cristiana?

Muchas veces los maestros se conforman con entretener a los niños, con narrar historias bíblicas, con enseñar hábitos eclesiásticos, etc. Pero esto no es lo más importante. Por lo dicho anteriormente, nuestras expectativas para la vida del niño deben ser que este llegue a:

         Lograr la seguridad de su salvación en Cristo

         Afianzar su confianza en Dios como Padre protector

         Experimentar una vida de oración

         Practicar la confesión a Dios y al hermano

         Desarrollar hábitos de lectura bíblica, meditación, estudio y memorización

         Ejercitar la dependencia de Dios y obediencia

         Asumir una actitud de respeto, responsabilidad y compromiso con el prójimo y sus necesidades.

         Sentir la necesidad de que los demás conozcan a Cristo e iniciarse en el testimonio cristiano.

         Apreciar la comunión cristiana

         Experimentar la alabanza, adoración y ofrenda

         Valorar y proteger el mundo creado por Dios.

 

¿Por qué? ¿No son metas demasiado elevadas para la vida de los niños? El apóstol Pablo expresaba:

Nosotros anunciamos a Cristo, amonestando a todo hombre

y enseñando a todo hombre, en toda sabiduría, a fin de

presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre.

(Colosenses 1.28)

 

¨Todo hombre¨ también incluye a los niños, niñas y adolescentes.

 

Si no estamos convencidos de la veracidad de  la afirmación paulina de Romanos  1.16, nuestra labor siempre será superficial y deficiente. Debemos creer que el evangelio es poder para salvar a los que creen, incluso para salvar a los niños que creen. No debemos aligerar el mensaje pensando que ellos no lo pueden entender. El evangelio de Jesucristo, las buenas noticias del amor de Dios, son especialmente para los más pequeños de nuestras sociedades latinoamericanas. Ellos necesitan experimentar la misericordia de nuestro Padre para que esto les posibilite superar las carencias, los fortalezca para enfrentar las dificultades, los haga perfectos, enteramente preparados para toda buena obra (2 Timoteo 3.17).

 

En los últimos tiempos, muy frecuentemente me horrorizo al ver que muchos maestros de niños no están convencidos de la trascendencia e importancia de evangelizar a sus alumnos. Esto no es algo que se dice, pero en la práctica se descuida. Me parecen muy apropiadas las declaraciones que se dieron en la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Puebla, México:

 

¨La salvación, lejos de deshumanizar al hombre, lo perfecciona y ennoblece, lo hace crecer en humanidad. La evangelización es, en este sentido, educación… La educación resultará más humanizadora en la medida en que más se abra a la trascendencia, es decir, a la Verdad y al Sumo Bien.¨

 

Recuerdo que por la década del setenta era muy popular la frase ¨el hombre de corazón nuevo hace nuevas las estructuras¨. ¡Qué tremenda verdad! Cuando las personas de esta sociedad tengamos corazones renovados por el Espíritu de Dios, nuestras comunidades serán tanbién renovadas por el amor y la justicia. Esforcémonos para que la gran cantidad de niños y adolescentes que habitan en nuestras tierras conformen su corazón a la estatura de Cristo.

 

Tony Campolo, en su libro Es viernes pero el domingo viene, afirma que Jesucristo satisface todas nuestras necesidades y enuncia a cada una de ellas:

         De salud psicológica y bienestar emocional

         De valor personal

         De propósito

         De lo milagroso

         De amor

         De esperanza

 

Estas también son las necesidades de los pequeños latinoamericanos y Jesucristo puede satisfacérselas.

 

 

¿Quiénes deben evangelizar a los niños?

Anteriormente citamos Salmo 78.6; 22.30-31 y Proverbios 22.6. Allí, como en otros lugares de la Biblia, se insiste en que hay que hacerlo pero no se dice que esta sea una tarea excluyente, sino que se presenta como una responsabilidad de todos. ¿Quién no tiene cerca a alguien mucho más joven?  Ese pequeño, ese adolescente, esa persona de menor edad nos está mirando y está esperando que le compartamos las verdades bíblicas.

 

 

¿Cómo hacerlo?

Sin duda, Jesús es nuestro modelo de Maestro. Es muy interesante observar las técnicas y estrategias de enseñanza que utilizaba Jesús. El diálogo, las preguntas, las situaciones cotidianas, objetos familiares, las cosas simples de la vida adquirían valor al ser usadas por el Maestro. Ningún pedagogo moderno podría cuestionar sus métodos y recursos. Él sabía lo que hacía. El camino, las casas, el campo, cualquier lugar se convertía en un aula, y en ella todos los presentes eran valiosos aprendices, incluso las mujeres analfabetas y marginadas de todo tipo de instrucción formal de esa época. Pero, por sobre todas las cosas, el amor era su característica fundamental.

 

En su gran mayoría, los expertos en educación coinciden en ciertos aspectos fundamentales de la persona del docente. Ellos son:                            

– Su actitud afectuosa y cálida.                                                                                   

– El poseer convicciones firmes y entusiasmo en sus presentaciones.               

– La capacidad de reconocer las debilidades propias.                                    

– Propiciar un clima de libertad.

– Compromiso con la tarea, conocimiento, preparación y pasión.                               

– Flexibilidad y reflexión.                                                                    

– Fomentar el trabajo en equipo.

– Hacer posible el desarrollo de la imaginación y la creatividad.

– Conducir al alumno a la utilización de los sentidos.

– Enseñar a pensar y a memorizar.

– Emplear diversidad de técnicas, juegos y movimientos.

– Profunda humildad.

– Despertar en el alumno el interés de ´alimentarse´ a sí mismo.

 

Y, como maestros cristianos, debemos agregar que:

– Es fundamental que el maestro lleve una vida de comunión con Dios.

– Su mensaje debe estar basada en la Biblia.                                                  

 

 En Esdras 7.10 se nos presenta un acabado perfil del maestro cristiano:

            Esdras había preparado su corazón para estudiar la ley de Jehová

            y para cumplirla, y para enseñar en Israel sus estatutos y decretos.

 

Es imprescindible que todo maestro sea un aprendiz del gran Maestro, alguien que día a día reciba sus instrucciones, sus consejos y sus correcciones. Como dijera Pablo VI hace varias décadas atrás, ¨Los jóvenes de hoy no quieren maestros, quieren testigos¨. Y el maestro cristiano debe ser, por sobre todas las cosas,  un testigo de lo que Dios está obrando en su vida.

 

Conclusión

Habría mucho más por decir en cuanto a técnicas, estrategias, recursos, capacitaciones, etc., pero lo urgente es que con un corazón tierno y obediente respondamos al llamado que Dios nos está haciendo. Este llamado es nada más ni nada menos que una invitación a brindar su amor a tantos pequeños que crecen a nuestro lado, o que juegan ruidosamente en nuestro vecindario, aquellos que muchos veces nos hacen enojar y en algunas ocasiones nos enternecen.

 

Lo cierto es que todos los niños que hoy recorren nuestras calles, mañana dejarán de serlo. Sus problemas se irán agudizando con el transcurrir de los años, y con ellos el resentimiento, la agresividad, el rencor, la dureza, la rebeldía y la indiferencia a un Dios de amor. Hoy es el día de salvación para ellos. Es ahora que tenemos que preocuparnos por su bienestar y, por sobre todo, por su salud espiritual. Dejemos que los niños vengan a Jesús. El presente y el futuro de América Latina dependen, en gran medida, de la respuesta que demos al desafío que su niñez nos presenta.

¿QUÉ MODELO SEGUIMOS AL CONSTRUIR NUESTRA FAMILIA?

De alguna manera, ya sea consciente o inconscientemente, todos intentamos seguir un modelo al construir nuestra familia. Por ejemplo:

1) Modelo de la experiencia familiar. Puede ser que la experiencia que hayamos tenido en nuestra familia de origen haya sido buena o mala. Pero, sin duda, esta experiencia ha influido en nuestra vida. Tal vez al querer construir nuestra familia decidamos imitar este modelo o quizá, por el contrario, nos opongamos totalmente a él. (Ejemplos: alcoholismo, familia con determinada profesión, etc). También puede ser que hayamos tenido cerca nuestro una familia que nos marcó profundamente, por ejemplo, en el barrio, alguna amistad, en la iglesia, etc.

2) Modelos contemporáneos. Vivimos rodeados de familias. Esta vivencia nos afecta profundamente. Admiramos (o a veces envidiamos) a determinadas familias. Nos duele la situación que viven algunos amigos o parientes. Incluso, aunque no tenemos contacto directo con ellas, también nos afectan las familias que vemos en la televisión, ya sea en las novelas, en las películas, las familias de algún famoso. De alguna manera, todas estas familias influyen en nuestras familias. Vemos cómo ellos resuelven los mismos problemas que tenemos nosotros, observamos qué valores rigen su convivencia, la manera en que se relacionan, los límites que ponen, cómo enfrentan las diferencias, etc. ¿Qué tipo de familia nos propone este modelo que todos compartimos?……….

3) Modelo propuesto por Dios. Si bien en la Palabra de Dios no se nos presenta la familia de Dios tal como la concebimos nosotros, nos da pautas acerca de la manera en que Dios se relaciona con los hombres y las mujeres a través de la historia. Lo increíble es que Dios nos pide que seamos imitadores de él. Entonces sería adecuado que hagamos un repaso acerca de cómo ve Dios a los seres humanos para que esto, de alguna manera, nos sirve de modelo.

 

a- Los seres humanos son creados a imagen de Dios. Esto implica que los seres humanos son merecedores de nuestro máximo respeto (debemos respetarnos a nosotros mismos y a nuestro cónyuge e hijos)

b- Todos somos pecadores.  No podemos exigir que los demás sean perfectos ni que satisfagan plenamente nuestras expectativas. Todos somos imperfectos. Debemos ser tolerantes con los defectos de los demás.

c- Dios está dispuesto a perdonar, por lo tanto se nos llama a practicar el perdón entre nosotros.  

d- Dios demuestra su generosidad (esto lo vemos en la naturaleza). No debemos ser egoístas, pensando en nuestros intereses, sino que debemos buscar el bien de los demás.  

e- Dios bendice (le hace bien) al ser humano y espera que nosotros seamos de bendición para los que nos rodean.

f- ¿Qué otro aspecto de Dios les parece que podríamos imitar?…….

Hay un breve párrafo que sintetiza lo que Dios espera en nuestras relaciones, 1 Pedro 3.8—11. Allí se mencionan:

Armonía ¿qué es la armonía? (No necesitamos ser iguales, sino que nuestras diferencias deben complementarse en algo agradable)

Amarnos como hermanos (nadie es superior al otro, todos somos hijos imperfectos de un mismo Padre)

Bondadosos: no vivir agrediéndonos, hacer lo posible por ser buenos entre nosotros, amables, no siempre buscando cómo hacer sentir mal al otro.

Humildes, reconociendo que el otro tiene capacidades, que el otro es importante, y no tratando de rebajar al otro (debemos ser humildes incluso con nuestros hijos, no somos ni más ni mejores que ellos)

No devolver mal por mal ni insulto por insulto……

Devolver bendición…..

Cuidar nuestra lengua de hablar mal (chismes, quejas)

Cuidarnos de decir mentiras

Alejarnos del mal y hacer el bien

Buscar la paz. No esperar que el otro tome la iniciativa en esto, sino ser promotores de paz.

De alguna manera todos estos modelos nos influyen, conviven en nosotros. Por momentos, a alguno de ellos le damos la prioridad y entonces empezamos a repetir alguna historia que nos marcó en nuestra infancia, o copiamos los valores y maneras de relacionarnos que nos propone la televisión, y quizá a veces intentamos seguir el modelo que nos propone nuestro Creador.  ¿Cuál es el modelo que nos conviene seguir? ¿Cuáles serán los resultados que obtendremos de acuerdo a cada modelo que elijamos?……

Jesús una vez utilizó una figura que nos puede resultar adecuada para esto. Mateo 7.24—27

Si construimos nuestra vida sobre sus enseñanzas, si nos dejamos instruir por él, nuestra casa será sólida. No se nos dice que estaremos exentos de problemas o sufrimientos, pero sí que todas las tormentas que debamos enfrentar no van a destruir nuestra casa, nuestra vida, nuestra familia. Pero es más fácil construir nuestra casa sin tanto esfuerzo. Puede ser que escuchemos o leamos todo lo que Dios nos dice pero después no lo hagamos, y vivamos todo al revés de lo que dijimos anteriormente. Los resultados de estos van a ser catastróficos. Que el Señor nos ayude a seguir las pautas en nuestras relaciones que él nos propone.

Es interesante recordar el caso de Moisés. Lo que él conocía en cuanto a la adoración o el culto a la divinidad es lo que había visto en Egipto, un culto a muchos dioses, o lo que había aprendido junto a su suegro, que era un sacerdote seguramente pagano. Pero Moisés pasó mucho tiempo en el monte junto a Dios y se dice que allí Dios le mostró cómo quería que fuera el lugar que serviría para el encuentro con él, cómo debía ser el culto, cómo debían ser las relaciones del pueblo entre sí. Los últimos capítulos del libro de Éxodo terminan repitiendo sin cesar, como si fuera un estribillo, “Moisés hizo todo tal como el Señor se lo había ordenado”. Ese modelo que vio en el monte quedó marcado a fuego en su  mente.

Pidámosle a Dios que él grabe en nosotros sus enseñanzas, que nos dejemos guiar por él en esta tremenda tarea de construir nuestras familias, que nos ayude a superar modelos que pueden haber sido muy traumáticos en nuestra experiencia de vida, que no nos dejemos influenciar por modelos inestables, agresivos, egoístas que nos propone la sociedad. Y nuestra casa estará construida sobre la roca.

 

CONVERSIÓN TEMPRANA

Los pro y los contra.

Es frecuente que las personas que nos hemos criado en hogares cristianos nos lamentemos de no haber conocido el evangelio siendo jóvenes o adultos. A la hora de contar testimonios emotivos y dramáticos, no tenemos nada para decir. Nos surge, entonces, la pregunta: ¿qué beneficios depara el hecho de aceptar a Cristo como Salvador siendo pequeños? ¿Es conveniente convertirse siendo niños, o esto genera rutina, frustración, desgano, apatía?

Uno de los primeros recuerdos que conservo de mi vida es el del día en que estando en la clase de Jardín de Infantes de la Escuela Dominical, por invitación de la maestra y repitiendo la oración que ella hacía, recibí a Jesús en mi corazón. Por algunos mojones de referencia en mi historia familiar, puedo deducir que tan sólo tenía tres años de edad. Al poco tiempo, mis padres debieron ausentarse en un corto viaje y quedé al cuidado de mi abuela. En esa oportunidad mi conducta no fue la más adecuada. Al reconocerlo, corrí a mi habitación, me arrodillé y le pedí a Jesús que no se fuera de mi vida. Para mi asombro, reconozco que el Espíritu Santo ya estaba obrando en mi vida, haciéndome consciente de pecado, a pesar de mi corta edad.  Pienso que si esto me lo contaran, no lo creería. Sin embargo, tengo la plena convicción que esto realmente sucedió.

En mi testimonio como creyente no hay un antes y un después, sino un “durante”. Es decir, puedo describir mi vida como una amistad con Jesús que, como toda amistad, ha tenido sus altos y sus bajos, sus malos entendidos, sus dudas, sus distanciamientos, sus reproches, sus reencuentros, sus reconciliaciones. Si bien cuando era joven yo también me lamentaba dehaber nacido en un hogar cristiano, hoy me siento profundamente agradecida a Dios por ello. Considero que mi Padre fue profundamente misericordioso por permitirme encontrarlo siendo tan pequeña. Sin embargo, reconozco que no todos los que se crían en condiciones similares, experimentan el mismo sentir. ¿Cuáles son los pro y los contra de esta situación?

Pienso que entre los contra podemos citar:

a) No tener una gran experiencia para contar. En nuestra época son tan importantes las vivencias y sensaciones que esto realmente nos resulta problemático.

b) No tener una conciencia cabal de lo que es el pecado y, entonces, tener inconvenientes para reconocer nuestras faltas delante de Dios.

c) Es muy probable que la vida cristiana se vuelva rutinaria y, por lo tanto, apática y floja.

d) Es frecuente que, como consecuencia de la rutina y por una necesidad de querer “probar” lo que viven los que están lejos de Dios, el joven se aparte de la comunidad de fe y caiga en una vida de vicios y depresión.

e) A veces los adultos erróneamente dan por sentado que ese niño comprendió el mensaje, está firme y puede andar solo la vida cristiana.

Entre los aspectos a favor tenemos:

a) La bendición de no tener que atravesar experiencias tan traumáticas en la niñez y/o adolescencia.

b) No tener que olvidar pecados, temores, vicios o caídas extremas.

c) La posibilidad de aprender desde niño la Palabra de Dios, memorizar pasajes bíblicos, recibir una sólida formación cristiana.

d) Enfrentar toda la vida de la mano de Dios, incluyendo las crisis naturales de la adolescencia y juventud.

Para que los contra resulten aspectos a favor.

Es necesario aclarar que cuando la entrega a Cristo se realiza en la niñez, la conversión no debe entenderse como un cambio repentino y total, sino como un proceso gradual. Ya que  la persona aun no ha tenido una conciencia cabal de lo doloroso que es el pecado, a lo largo de su vida deberá ir enfrentando situaciones que lo lleven a decidir qué camino seguir. En estas decisiones irá afirmándose en su conversión, en su deseo de seguir a Cristo. Sería bueno que los padres o maestros valoren estas experiencias de vida, estas opciones por seguir al Maestro, como peldaños importantes en su vida cristiana.

Es muy importante que los adultos que estén cerca del niño se preocupen de que él tenga una experiencia con Cristo de primera mano. Para ello sería muy apropiado que, si no sabe leer, se le lean o narren historias bíblicas. Cuando comience a leer por sí solo podrá tener a su alcance una Biblia para niños. Es en este momento donde podremos comenzar a crear el hábito de una devoción personal diaria. Es una buena práctica compartir momentos de oración con los pequeños.

No nos conformemos con las respuestas fabricadas que muchas veces los niños aprenden y repiten que,  aunque tienen una apariencia de profundidad teológica y doctrina correcta, lo único que hacen es ocultar lo que realmente creen o sienten, sino que fomentemos el pensamiento, la reflexión, ya sea a través del diálogo o de preguntas. Brindemos un espacio en donde se puedan compartir con sinceridad dudas y temores.

Nunca demos por sentado que porque un niño tiene padres cristianos o asiste regularmente a la iglesia, tiene una relación adecuada con Dios. Oremos por él, velemos por él. Es un ser humano como cualquier otro, que necesita ser escuchado, alentado, fortalecido, afirmado, enseñado, discipulado.

Una buena manera de acompañar a los niños en su crecimiento es incluyéndolos en áreas de servicio. Al comienzo pueden simplemente acompañar al adulto y, poco a poco, mientras van siendo entrenados, ir tomando mayor responsabilidad en la tarea. Consideremos  siempre a estos pequeños como miembros de un equipo de trabajo y aprovechemos para orar con ellos, valorándolos y animándolos en la tarea y en el descubrimiento de sus dones.

Seamos tolerantes con sus avances y retrocesos. Recordemos que ellos no han dejado un pasado traumático para vivir una vida nueva, sino que su relación con Dios comenzó un día, que quizá no se recuerde, y va creciendo lentamente aun en medio de fracasos y errores. De sus vidas podemos afirmar  “La senda de los justos se asemeja a los primeros albores de la aurora: su esplendor va en aumento hasta que el día alcanza su plenitud” (Proverbios 4.18, nvi)

Dios puede utilizar grandemente a estos niños aunque no tengan un testimonio estremecedor ni dramático, pero sí puede hacer de ellos sus verdaderos amigos, que le conozcan íntimamente a lo largo de toda su vida, profundamente arraigados en la verdad. La experiencia de Timoteo fue totalmente diferente a  la de Pablo, pero ambos fueron siervos útiles en la extensión del Reino y, a pesar de las diferencias, conformaron un muy buen equipo de trabajo.

Intercedamos por las personas que, como Timoteo, conocen a Jesús desde niños, oremos por ellos y estemos interesados en sus vidas para ver cómo crecen, para conocer sus dudas, sus cargas, y ayudarles en las épocas en que su relación con Dios se torne rutinaria y vacía.

(Publicado en Apuntes Mujer Líder, Volumen V, Número 3)

 

¿QUIÉN PUDO INVENTAR A JESUCRISTO?

 

Entre las diversas preguntas que asaltan nuestra fe, la más simple y frecuente es: ‘¿Será verdad lo que nos presenta la Biblia?’. Si no lo fuese, obviamente sería una invención de la mente humana.

 

Mientras busco respuestas a este interrogante, la vida de Jesús va desfilando por mi memoria.

 

¿Quién podría imaginar a un Dios soberano, creador del cielo y de la tierra que, para acercarse a la humanidad que le dio la espalda, se humillara a la condición de criatura, naciera en un país sometido al imperio de turno, creciera en una provincia despreciada, fuese hijo de padres inexpertos y criado en un hogar humilde donde los recursos eran escasos?

 

¿Quién podría imaginar a un Dios capaz de controlar las leyes de la naturaleza que estuviese dispuesto a someterse a los principios biológicos del crecimiento humano?

 

¿Quién podría imaginar a un Dios fiel en cumplir sus promesas que enviara a un Mesías que no coincidiese con las expectativas distorsionadas de su pueblo?

 

¿Quién podría imaginar a un Dios omnipotente, Señor de la vida y de la muerte, llorando la miseria humana ante la tumba de su amigo?

 

¿Quién podría imaginar a un Dios fuerte, invencible, que valorase a las mujeres, tan despreciadas en esa época, al punto de revelarse a ellas como Mesías (Juan 4.25, 26), como resucitado (Mateo 28.9), comisionándolas como testigos (Mateo 28.10) en una época en que, por su género, no podían ser admitidas como tales en ningún juicio?

 

¿Quién podría imaginar a un Dios eterno y totalmente sabio que anunciara que el que recibe a un niño le recibe a él?

 

¿Quién podría imaginar a un Dios santo y perfecto que se sentara a la mesa con corruptos, traidores, prostitutas, estafadores, adúlteros, y argumentara que ellos serán los primeros en el reino?

 

¿Quién podría imaginar a un Dios que, conociendo los pensamientos más íntimos del ser humano, invitara a ser su amigo y seguidor a aquel que le iba a traicionar tan vilmente?

 

¿Quién podría imaginar a un Dios que espera que su pueblo le rinda culto y que, sin embargo, cuestionase a los líderes religiosos, acusándoles de ‘raza de víboras’ y ‘sepulcros blanqueados’?

 

¿Quién podría imaginar a un Dios justo que, a pesar de no tolerar el pecado, perdonara a una raza blasfema que ignora que a quien está despreciando y condenando es al mismo Señor del universo?

 

¿Quién podría imaginar a un Dios todopoderoso, para quien no hay nada imposible, que encargara la extensión de su reino a un puñado de cobardes y débiles discípulos?

 

……

 

No hay mente humana tan atrevida que pudiese imaginar a Jesucristo tal como se presentó en nuestra tierra. Somos tan orgullosos que no podríamos concebir a un Señor humillado en un hombre, que valorara a los pobres, las mujeres, los enfermos y los despreciados. Somos tan codiciosos que no podríamos aceptar a un Dios que destacara la simbólica ofrenda de una viuda. Somos tan rencorosos que no se nos ocurriría pensar en un Juez justo que estuviese dispuesto a convivir con el que le va a traicionar, ni a amar al que le acusa injustamente. Somos tan religiosos que no aceptaríamos la idea de que el Salvador ayudase en día sábado al que sufre.

 

Jesús no puede haber sido inventado por nadie. Si fuese producto de la pluma de algún escritor, este habría opacado totalmente a Cervantes.

 

AL LLEGAR A CASA

Quiero proyectar mi vista

y vislumbrar la madrugada

en que, luego de un azaroso recorrido,

por fin arribe a casa

y una multitud celebre mi llegada.

 

Tu mano horadada me abrirá la puerta,

y tu plácida luz me hará contemplar lo que he deseado.

Me sentiré dichosa, joven, bella, amada,

satisfecha y heredera de sueños alcanzados.

De pronto, conoceré la perfección, la verdad y la armonía;

entenderé el significado de las cosas

y sabré el por qué del canto y la poesía.

 

Las cicatrices que me dejó la vida

se verán como preciados trofeos conquistados;

participaré de triunfos y victorias,

y como niebla se esfumará el pasado.

 

Extenderé mis alas y alcanzaré horizontes nuevos,

descubriré un mundo eterno de sorpresas;

me deleitaré en tu presencia para siempre

y sentiré que lo realmente bueno, recién empieza.

 

Al estimular así mi vista,

mi fe se excita y se ensancha mi esperanza.

¿Por qué me asusta, entonces, el futuro,

si lo mejor aun no lo he vivido?

¿Por qué siempre le temo a la partida,

si será tan placentera la llegada?

 

(Publicada en el libro Conócete a ti mismo)

 

 

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